Arriba

Me monte en un bus grande como una ballena en el mar, adentro todo era un cielo azul y un camino de árboles que se cortan a cada mano alzada desde afuera, un túnel inmenso de luces se fue descubriendo con las líneas de la calle ¡Ese bus grande! Era el mundo entero. Así, sin más que dos veintenas de sillas rojas y un corredor viejo por donde caminan sin remordimientos los locos y los cuerdos. Al frente las cosas se parten en dos, la izquierda y la derecha, adentro también, el lado del sol y la tierra de la sombra que es entonces una sola para la noche.
Ese viaje no termina nunca, las ruedas van en marcha sobre la calle, es ella la que hace el encuentro y pasa el mundo vestido por láminas de latas, corriendo, masticando, rugiendo como un león viejo encerrado en la caja de adelante, encerrado en la ventana de atrás. Adelante un sujeto tranquilo hace la maniobra perfecta de llevar el mundo de paseo entre las estrellas, dos ruedas, una palanca y el espejo viejo lo acompañan en su infinita tristeza, mientras lo veo desde mi puesto. Miro al frente por debajo del marco ¡Ese es el mundo! La señora de al lado y ese tipo con los ojos adentro, mis manos tan limpias, mis pies tan secos y estas ansias necias de hedonismo que no encuentro. No te encuentro.

1 comentario
  1. Evaristo dijo:

    no es pecado vida mia, ponerse a disparar

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